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]]>Es inevitable que se me dibuje una sonrisa en la cara (y que me den unas ganas locas de atravesar nuevamente el mundo) cada vez que recuerdo el hermoso viaje que hicimos el año pasado a Japón.
Este increíble país asiático nos sorprendió de principio a fin. Su comida, sus costumbres, su gente, sus paisajes,.. todo ahí es tan diferente a lo que conocemos que me encantaría que todos pudieran visitarlo por lo menos una vez en la vida.
Hace un tiempo escribí un post titulado Japón: Sabores sorprendentes desde el otro lado del mundo, donde les conté sobre el recorrido que hicimos en 10 días, algunas cosas que nos sorprendieron y los deliciosos sabores que probamos. Pensé en contarles en ese post sobre el lugar que les voy a contar en el post de hoy, pero la verdad es que me sorprendió tanto y tenía tanto que contar al respecto que decidí dejarlo para más adelante. Llegó el momento.
La verdad es que no sabíamos mucho al respecto, pero varias guías de viaje recomendaban despertarse a primera hora de la mañana e ir a recorrer el mercado de Tsukiji y comer el sushi con el pescado más fresco que podrías probar jamás. El plan no sonaba nada mal, raro sí, ¿sushi para desayunar? estábamos en Japón, había que probarlo.

Una de las mayores atracciones del mercado sucede al abrir sus puertas, entre las 5 y 6 de la madrugada es la famosa subasta de atunes. En este evento se subastan los atunes de gran tamaño ante compradores que poseen una licencia especial para participar. El problema es que es un evento tan solicitado que hay cupo limitado para los turistas (solo 120 por día), y hay que llegar a las 3 de la mañana para lograr ser uno de los afortunados observadores del evento. Por lo que, a pesar de que sonaba interesante, decidimos que no queríamos arriesgarnos a quedarnos fuera congelándonos y preferimos llegar un poco más tarde para recorrer el mercado con calma.
En la subasta de atunes, que se realiza aproximadamente a las 5 de la mañana, se subastan los atunes de mayor tamaño y calidad. Los atunes son pesados y revisados cuidadosamente por los expertos en el tema y subastados entre quienes tienen licencia para poder comprarlos. Un atún rojo puede llegar a costar 100.000 USD (aunque se ha llegado a pagar muchísimo más por algunas piezas).
Para poder ver toda la actividad del mercado había que llegar a primera hora, por lo que cerca de las 8 de la mañana ya estábamos en el lugar. Comenzamos recorriendo la zona principal, donde es posible ver todo tipo de pescados y mariscos en enormes cantidades. Me llamó la atención que habían cajas rotuladas con nombres de diversos países del mundo como Rusia, Tailandia y países de Europa, que salen vía terrestre, aérea y marítima a distintos puntos del planeta.

Otra de las cosas que más me llamó la atención es que no había ningún olor a pescado. Y es que al parecer los que ahí trabajan deben cumplir normas estrictas de higiene y limpieza. Además todo lo que ahí se vende esta tan fresco que no desprende olor alguno.

No es tan fácil desplazarse por los pasillos del lugar, ya que está todo bastante mojado y la gente va de un lado a otro. La zona central se utiliza más bien para venta mayorista, restaurantes, y exportación y no tanto para la venta al público general.
El mercado de Tsukiji mueve casi 3.000 toneladas diarias de 450 especies distintas de pescados y mariscos, lo que lo transforma en el mercado de este tipo más grande del mundo.

Luego de este interesante recorrido decidimos ir a dar una vuelta por las afueras del mercado, donde hay un sinfín de puestos de comida (de todo tipo) y más de 400 mini restaurantes donde apenas caben tres o cuatro comensales.
A pesar de que no sabía (ni entendía) casi nada de lo que ahí vendían, era muy interesante ver la dinámica del lugar. Pescados secos, pescados y mariscos a la parrilla, sopas en grandes ollas, implementos de cocina, de todo era posible encontrar en las afueras del mercado.

Los famosos restaurantes que rondan el mercado abren a las 5 am, y están abiertos hasta aproximadamente la 1 de la tarde (el mercado cierra cerca del mediodía). Pasamos por fuera de la calle donde se encuentran las restaurantes de sushi más populares del lugar, pero las filas eran tan largas (a las 10 am) que decidimos ir a desayunar a un lugar menos concurrido por turistas.
Fue así como llegamos a un pequeño local, con tan solo 3 puestos, donde el dueño apenas hablaba un par de palabras en inglés y donde disfrutamos de una deliciosa sopa miso acompañado de uno de los mejores nigiris (arroz y pescado) que probamos en este viaje.

Debo confesar que era muy extraño estar comiendo pescado y arroz a las 10 de la mañana, pero estando ahí era imposible no hacerlo.
En resumen, fue una experiencia muy interesante y particular. Y a pesar de que lo disfrutamos mucho nos quedó rondando una pregunta en la cabeza… y es que después de ver la impresionante cantidad de peces y mariscos que diariamente sacan de los océanos, ¿cómo es que todavía hay vida en el mar?.. sin duda un tema delicado que queda en evidencia al tener la oportunidad de vivir este tipo de experiencias.
Escribiendo este post me encontré con la triste noticia de que el mercado de Tsukiji dejaría de existir en noviembre de este año al ser trasladado a Toyusu (ubicado aprox. a 2 km del lugar actual) a unas modernas y tecnológicas instalaciones. Una noticia lamentable considerando que las nuevas instalaciones no tienen nada que ver con el mercado tradicional actual.
Hace pocas semanas atrás se comunicó que hay problemas para hacer el traslado en la fecha prevista debido a la contaminación del subsuelo del nuevo lugar, por lo que los turistas, comerciantes y vecinos del lugar aún podrán disfrutar de este impresionante y singular Mercado mientras no se solucione este problema. (ver la noticia aquí)
Puedes ver más fotos sobre nuestro recorrido en la siguiente galería:
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]]>Como parte de nuestro viaje por el sudeste asiático, visitamos Indonesia, donde recorrimos las islas de Bali y Lombok durante 3 semanas. Queríamos ir también a la isla de Flores, pero por motivos de tiempo, extensión de visa frustrada y problemas con la distancia y los medios de transporte tuvimos que desistir y dejar pendiente ésta y otras zonas para un próximo viaje por Asia.
De todas maneras disfrutamos muchísimo Bali y Lombok, donde recorrimos paisajes inolvidables, disfrutamos de varias de las mejores playas de nuestro viaje y comimos inesperadamente muy, pero muy bien.
Nuestro recorrido por Indonesia lo iniciamos por la popular isla de Bali, un lugar que soñaba con visitar desde que había leído el libro y visto la película Comer, rezar, amar, en el que la protagonista vivía una temporada en la parte alta de la isla, Ubud. Las expectativas eran altas y por suerte se cumplieron con creces.
En Ubud vivimos una de las experiencias más enriquecedoras del viaje, que compartí con lujo de detalles en el artículo “Un funeral en Bali” que escribí hace unos meses para la comunidad de viajeros de faro.travel

Una de las primeras cosas que hice al llegar a Ubud fue tomar una clase de cocina (la tercera de mi viaje por Asia, después de las clases de cocina Tailandia y Vietnam) donde además de riquísimos platos aprendí sobre la esencia de la comida balinesa. A pesar de que aprendí muchísimo en esta clase debo confesarles que es una de las cocinas que más me ha costado volver replicar ahora que estoy de vuelta, ya que los ingredientes no son tan fáciles de encontrar y los sabores tampoco son tan fáciles de recordar.

Al igual que en la gastronomía de sus países vecinos, la comida balinesa se caracteriza por ser variada y bastante condimentada (se utilizan muchas especias). Una comida típica incluye una porción de carne, pollo, pescado o tofu, otra porción de verduras salteadas o cocidas, acompañado de una generosa porción de arroz. También hay muchas otras preparaciones en base a leche de coco, salsa tamarindo y/o salsa de cacahuates (maní), que le aportan sabor e intensidad a la comida.

De los platos que aprendí en esa clase, uno de los que más me gustó fue el tempeh salteado. Sin duda el tempeh fue uno de los grandes descubrimientos de esa clase, ya que a partir de ese momento siempre que lo veíamos en algún menú lo pedíamos.
El tempeh es un producto originario de Indonesia que procede de la fermentación de la soja (es algo así como tofu fermentado). Es un producto rico en proteínas, con una textura firme y muy sabrosa.
Estuvimos casi una semana en Ubud, por lo que pudimos disfrutar de increíbles paseos por los alrededores, donde nos enamoramos de sus verdes paisajes, impresionantes templos, sus rincones escondidos y su gente.

Comimos realmente delicioso en varios restaurantes de la zona, y cabe destacar que no es fácil elegir donde comer ya que hay muchísimos restaurantes y todos se ven buenos. Mis favoritos fueron; Putu’s Wild Ginger (comida local, muy bien atendido por la familia que lleva el lugar) Warung Citta Ovest (pizzas al horno deliciosas), Biah Biah (comida auténtica a muy buen precio) y uno de mis favoritos Padi Organic (con vistas espectaculares a los campos de arroz, comida fresca y sabrosa).



El viaje continuó hacia las paradisíacas y amadas islas Gili (mientras escribo esto me dan unas ganas locas agarrar la mochila y partir de nuevo). Estuvimos nada más y nada menos que 7 días en Gili Air, una isla donde no existen vehículos motorizados y donde se vive la vida de la manera más relajada que he visto nunca. Si hubiésemos tenido más tiempo seguro nos quedamos un mes o más, ya que era una isla de ensueño, con bares y restaurantes en cada esquina, centros de meditación y yoga, playas preciosas donde podías hacer snorkel o buceo con tortugas y lo mejor de todo ¡es que era baratísimo!
Mis restaurantes favoritos de la isla fueron; Rubys Café, Harmony Café, Eazy Gili y Oasi Italian Pizza. En todos comimos increíble a precios que te dan ganas de quedarte a vivir ahí para siempre. Mis spots favoritos (para comer y tomar) fueron el Chill Out, donde tenían unos pinchos a la barbacoa deliciosos y Mowie’s Bar, donde probamos unos sándwiches gourmet increíbles, ambos ubicados literalmente en la playa.

El plato estrella que probamos fue el Chicken Satay con salsa de maní en Rubys Café, un plato muy típico de la gastronomía indonesia, pero que en este lugar lo hacían especialmente sabroso.

Indispensable y fiel compañera de cenas y tardes en la playa fue la cerveza Bintang, liviana y muy ligera de sabor, una de mis cervezas favoritas del Sudeste Asiático.

Nuestro viaje continuó por la isla de Lombok, una isla que hace pocos años atrás comenzó a desarrollarse turísticamente. Descubrimos el “lado B” de Indonesia, muy diferente a lo que era Bali, la población de Lombok en su mayoría (y al igual que en el resto de Indonesia) son musulmanes bastante fieles a su religión. Como el turismo no estaba tan desarrollado la inseguridad se notaba un poco más y el tema de transporte y alojamiento ya no se hacía tan fácil como antes.
Nuestra primera parada fue Kuta (Lombok), donde encontramos un lindo hotel y arrendamos moto para recorrer durante los días que estuvimos ahí sus lindísimas playas de color turquesa. Nuestra playa favorita fue Mawun Beach, no solo de Indonesia si no que del viaje entero.

En un pequeño restaurante en la playa Tanjung Aan Beach, probamos el mejor plato de Mee Goreng (noodles salteados) del viaje, el cual venía acompañado de tempeh frito, ensalada, pollo y chips crujientes por menos de 2 dólares.

Después de Kuta nos fuimos para Senaru (al otro lado de la isla) ya que teníamos ganas de subir el popular Volcán Rinjani. Fue una real odisea llegar a ese pueblo, ya que no existía “transporte para mochileros” por lo que tuvimos que tomar un bus que recorrió la isla completa antes de llegar a nuestro destino. Lamentablemente, por temas de tiempo y dinero no pudimos hacer el trekking al volcán, lo cual nos decepcionó un poco.
Nuestros últimos días en Indonesia los pasamos en Kuta, Bali, uno de los lugares más turísticos de todo Indonesia. A pesar del bullicio turístico disfrutamos mucho sus playas, sobre todo las que estaban en todo el sector de la Península de Bukit, que recorrimos en moto. Nuestros spots favoritos fueron la playa Balangan, las impresionantes vistas panorámicas del Blue Point Beach y el imponente Templo Uluwatu, construido sobre grandes acantilados.


Indonesia fue uno de los pocos países que nos dejó con “ganas de más” en nuestro recorrido por el Sudeste Asiático, y es que cuando planificamos nuestro viaje a este lugar nunca imaginamos lo complicado que podía resultar moverse de un lugar a otro. Esto no es más que la excusa perfecta para tener que volver de nuevo a recorrer todos los lugares que nos faltaron.
Los paisajes y sabores de Indonesia siguen rondando en mi cabeza y paladar como si hubiese sido tan solo ayer que estuvimos ahí. Sin duda fue un viaje inolvidable que esperamos volver a repetir.
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]]>Facebook se ha encargado de recordarme estos días que hace exactamente 1 año estábamos recorriendo Malasia… ¡1 año ya! Increíble cómo pasa el tiempo.
Cada vez que pienso en Malasia lo primero que recuerdo (y añoro) son los deliciosos sabores que probamos ahí (Naan, Roti, Te tahrik, Laksa ¡como los extraño!). Y todavía no puedo entender por qué nunca nadie me habló (antes de irme de viaje) de lo bien que se comía en ese país. Puede ser porque muchos viajeros que visitan la zona se concentran especialmente en visitar Tailandia, Vietnam y Cambodia, y no son muchos los que se dedican a recorrer Malasia. O tal vez es porque al ser una fusión de sabores es medio difícil darse cuenta de que es lo que realmente se come ahí o simplemente sus países vecinos se robaron el protagonismo en cuanto a los sabores… Sea como sea nosotros nos dimos el lujo de recorrer el país durante casi tres semanas en busca de su verdadero sabor.


Tanto fue nuestro amor por la comida que al momento de emprender la vuelta elegimos regresar a Kuala Lumpur (KL) solo para disfrutar un par de días más de su increíble comida.
En este post les quiero contar un poco sobre el recorrido que hicimos y sobre los sabores que fuimos descubriendo en nuestro camino. Aprovecho de decirles a aquellos que están pensando en ir al Sudeste Asiático que dediquen varios días (o semanas si es posible) para recorrer Malasia, ya que Malasia es muchísimo más que sólo una parada técnica para ver las Petronas en KL.

Nuestro recorrido fue de norte a sur y comenzó en Georgetown (Ciudad ubicada en el estado de Penang, Malasia). Llegamos al lugar después de un largo día de viaje que incluyó autos, ferrys, mini-van y el paso por la frontera de Tailandia-Malasia.
Como no había escuchado mucho sobre la comida de Malasia me puse a averiguar y en esto descubrí que habíamos llegado -para mi sorpresa- directamente a la capital gastronómica de Malasia. Este país tiene una fuerte influencia China y de la India -etnias que representan el 24% y 7% respectivamente de su población total- que se deja en evidencia en el legado gastronómico-cultural del país, donde los sabores de la India y China se fusionan con los de la zona para crear los más variados y delicioso platos.

Con esta información en mente nos fuimos a recorrer las calles de Penang. Durante esos días nuestro principal descubrimiento fueron los sabores fusión de la comida malaya con la India. Nunca he estado en India pero quienes han ido me han contado que a pesar de que la comida es muy sabrosa, la higiene de los lugares juega en contra a la hora de poder disfrutarlos. En Malasia por el contrario, los lugares (restaurantes y puestos de comida callejera) son bastante limpios y nunca vimos nada extraño que nos hiciera cambiar de idea a la hora de comer. Fue así como descubrimos el Naan (pan típico de la India), los amados Roti (una especie de panqueque que tiene muchas variedades dulces y saladas), Pollo Tandoori (pollo asado muy condimentado) y Murtabak (una masa tipo panqueque muy contundente rellena de carne picada, cebolla y ajo) entre muchos otros deliciosos platos y salsas de la India.


Para tomar (y pasar el picante de algunos platos) es muy común -y delicioso- acompañar la comida de un Teh tarik (que es básicamente un té con leche condensada). Lo preparan vertiendo el contenido de un recipiente a otro como si fuera un cocktail para que quede con una rica y contundente espuma. Se puede tomar frío (con hielo) o caliente.

Podría hacer un post completo solo de los platos acabo de nombrar, jeje, pero para no aburrirlos sólo les diré que esos sabores indio-malayos fueron una completa revelación para nosotros.
Además de disfrutar de los deliciosos sabores de la comida callejera Penang se caracteriza por contar con una gran exposición a cielo abierto de arte callejero uno de los motivos por los cuales Georgetown fue nombrado patrimonio de la humanidad el año 2008. Fue realmente entretenido recorrer -y perderse- en la ciudad en busca de las más variadas e impresionantes obras de arte callejeras.


Nuestro recorrido continuó rumbo a las montañas de Malasia donde tuvimos que sacar los abrigos por primera vez en nuestro viaje por la zona.
La inmensidad y el intenso color verde de los campos de té en Cameron Highlands nos atrapó, y fue sin duda uno de los paisajes más impresionantes que vimos durante el viaje. Pudimos disfrutar de un rico té de la zona con esa hermosa vista.

Cambiamos el paisaje verde y el frío por un intenso mar de color azul y calorcito. Llegamos a las islas Perhentian sin saber mucho qué esperar de estas islas en la costa este de Malasia. El clima nos tocó espectacular y pudimos disfrutar de los que fueron nuestros primeros días de playa luego de varios meses en la ruta.

Nos alojamos en Ewan’s Place, unas cabañas muy básicas pero bastante bien de precio y comodidad en medio de la isla Perhentian Kecil. El propietario también era dueño de Ewan’s Café, uno de los restaurantes más ricos de la isla, por lo que pudimos disfrutar de riquísimos y populares platos como el Nasi y Mee Goreng (arroz y noodles fritos) y unas deliciosas parrilladas de pescado que se ofrecían de noche. Otro imperdible de la costa eran los riquísimos jugos de fruta y los Lassi (jugo de frutas con yogurt) para refrescarse a la orilla de la playa.

Llegamos a la capital de Malasia sin muchas expectativas (muchos nos habían comentado que no era la gran cosa más allá de las Torres Petronas). Estaban equivocados, la ciudad nos cautivo con su mezcla de cultura, tradición y arquitectura contemporánea (una de las ciudades más modernas que vimos en el Sudeste Asiático después de Singapur).
Un lugar que nos encantó fue la popular calle Jalon Alor donde es posible encontrar TODO tipo de auténtica comida Malaya (y algunos sabores de sus países vecinos). Fuimos varias veces, ya que es interesante ver como los locales y los turistas conviven en un mismo ambiente. Hay puestos de frutas (donde los locales se sientan a comer el popular duran), carritos con pinchos de todo tipo (llamados lok lok) y restaurantes informales que ofrecen una variedad inmensa de platos.


Imposible no tentarse con alguno de los platos de Nasi y Mee (arroz o noodles) en sus más variadas versiones. Los más populares son los ya nombrados Nasi y Mee Goreng, el Nasi Lemak (arroz cocinado en leche de coco acompañado por anchoas y verduras) y el Hokkien Mee (noodles con gambas) entre otros. Debo confesar que hay algunos platos bastante populares como los famosos Fish head curry (cabeza de pescado) y las ostras fritas que no me animé a probar durante el viaje. Tal vez acompañado de un local sería más fácil animarse.
El recorrido terminó en Melaka. Una pequeña ciudad costera ubicada al sur de Malasia conocida por su gran influencia china que se hace notar en su cultura, arquitectura y gastronomía.


En Melaka probé una de las mejores sopas de mi viaje: Laksa, una contundente y condimentada sopa de fideos (con langostinos, pollo o verduras), esta deliciosa sopa puedes disfrutarla en varios lugares de Malasia, y entre Penang y Melaka se pelean por quien tiene la mejor versión. En Melaka la cocinan con leche de coco y en otros lugares como Penang la hacen con salsa de pescado y tamarindo. Este plato nace de la fusión de la comida china y la malaya, al igual que los clásicos Mee y Nasi Goreng.

En el mismo restaurate donde probé el Laksa (llamado Poh Piah Lwee) también probamos unos curiosos panqueques llamados pho phia y unas masitas moradas (si moradas!!) rellenas de carne que estaban muy buenas, lamentablemente no recuerdo su nombre. Este auténtico lugar solo tenía esos tres platos, y la verdad, no necesitaba más.

Malasia nos sorprendió desde principio a fin con su multiculturalidad, gastronomía y paisaje. Un país que vale la pena explorar con la mente abierta para así poder descubrir sus rincones y sabores más auténticos. Volveremos algún día por más.
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]]>The post Las 10 cervezas que tienes que probar en tu viaje por el Sudeste Asiático first appeared on El Sabor de lo Bueno.
]]>Mi gusto por la cerveza comenzó cuando me fui de Intercambio a los 16 años a Alemania, donde para mi sorpresa ya tenía la edad legal para tomar cerveza.
Dicen que la cerveza es un gusto adquirido,.. que yo adquirí al tercer sorbo ¡jajaja!
Soy fan de los lugares que ofrecen gran variedad de sabores y marcas, como los bares especializados en cervezas artesanales y las ferias gourmet donde las distintas marcas a presentan sus novedades. Y sin duda de las cosas que más disfruto es probar las cervezas locales cuando viajo (si han leído mis posts viajeros se habrán dado cuenta que siempre menciono algo sobre las cervezas que pruebo en cada lugar).
En nuestro viaje por el Sudeste Asiático probamos las cervezas más populares de cada país y algunas de sus variedades. Hace tiempo tenía ganas de hacer este post contándoles cuales fueron mis favoritas y cuáles no pueden dejar de probar si están pensando en hacer un viaje para esa increíble zona del mundo.

En general las cervezas del Sudeste Asiático son bastante livianas (tipo lager), ideales para el clima húmedo y caluroso de esos países. Estas cervezas en general tienen poco que ver con las cervezas con gran cuerpo y aroma que hay en varios países de América y Europa, pero de todas maneras vale la pena destacar la excelente relación precio-calidad, refrescancia y buen sabor de varias de ellas.
¡Aquí vamos!
Para mi la mejor cerveza que probé durante el viaje. A diferencia de las demás esta cerveza no es tan ligera y tiene más cuerpo (sobre todo en su increíble versión gold). Está disponible en todo Laos y su precio es de aprox. 1 dólar en un bar/restaurante promedio.

No se confundan, no es la misma San Miguel que está en España. Aunque comparten una historia común, la San Miguel de Filipinas es muchísimo más rica, con más cuerpo y mejor sabor. Su formato en botella llama bastante la atención, tiene una etiqueta muy cool y está presente en casi todas partes. Su precio ronda los 1,5 dólares.

Esta cerveza tipo pale ale la probamos de casualidad en un bar en Vang vieng, nos cautivó por su aroma y exquisito sabor con un toque cítrico y un poco amargo, bastante diferente a las demás cervezas de la zona.

Una cerveza que cumple muy bien con su objetivo: quitar la sed. Su popular tamaño de 1 litro es ideal para compartir y disfrutar durante una tarde playera. Su precio promedio ronda los 2 dólares en un restaurante/bar promedio.

Su versión clásica es la Saigon (etiqueta verde) que está bastante bien, pero su versión “export” (etiqueta roja) está mucho mejor! Buen sabor, refrescante y lo mejor, al igual que todas la cervezas de vietnam, ¡barata! Se puede encontrar hasta por 50 centavos de dólar.

Cuando estuvimos en Kampot (Cambodia) nos volvimos fans de esta cerveza en su formato de barril (shop). Liviana, refrescante y con muy buen aftertaste. Fue nuestra fiel compañera durante varios días en un lugar increíble donde pudimos relajarnos y pasar un buen rato.

Si este ranking fuera por precio esta cerveza estaría en el primer lugar de esta lista, ¡y es que solo cuesta 25 centavos de dólar! Si leyeron bien, 25 centavos. No es la mejor cerveza del mundo, pero por ese precio no se puede pedir más. Súper refrescante y fácil de tomar (un poco aguada, pero se lo perdonamos). Es posible encontrarla a lo largo de todo Vietnam en los puestos callejeros, pero en la ciudad de Hanoi son súper fan de este formato. Siempre recordaremos aquella noche en donde nos tomamos 12 cervezas ¡por solo 3 dólares!



Si, en Cambodia son súper originales para ponerle nombres a las cervezas, jaja. En caso de que no haya cerveza Cambodia de barril recomiendo una Angkor en botella o lata, igual de refrescante y bastante sabrosa. No te vayas a confundir con la llamada Anchor, que no tiene nada que ver con esta. La encuentras por aproximadamente 1 dólar en un local tradicional.

Si estas en Hanoi y la Bia Hoi no te convence por ser tan liviana, recomiendo probar la cerveza Hanoi, con más cuerpo y buen sabor. Ideal para acompañar un rico plato de comida vietnamita.

Mundialmente conocida, originaria de Singapur. La cerveza Tiger se puede encontrar a lo largo de todo el Sudeste Asiático. Si estás en Malasia o Singapur y te quieres ir a la segura puedes pedir una de estas que están bastante bien. En sus países vecinos la encuentras a 3-4 dólares, en Singapur ¡a más de 10! por lo que te recomiendo no tomar mucho.

Personalmente las cervezas de Tailandia no fueron mis favoritas, las encontré un poco fuertes y amargas (sobre todo la Chang y Leo). La Singha un poco mejor en cuanto a sabor y refrescancia. De todas maneras son cervezas que hay que probar estando de viaje por Sudeste Asiático, ya que son parte del recorrido “cultural” de la zona y al igual que varias cervezas de esta lista son ideales para pasar el calor y un buen rato con los amigos.

El premio a los sobrios se lo lleva Malasia, no encontré ninguna cerveza local para probar, solo hay cervezas internacionales a un precio bastante superior al resto de sus vecinos. Y el premio a la peor cerveza se lo lleva Huda en Vietnam (sin comentarios).
Si has viajado al Sudeste Asiático te invito a dejar un comentario contándome de tu cerveza favorita de la zona. Si estas pensando en viajar no dejes de guardar esta lista y tenerla presente. Y si te gustó este post te invito a compartirlo 
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]]>The post 3 proyectos sociales (y gastronómicos) en Cambodia first appeared on El Sabor de lo Bueno.
]]>Estos últimos meses he tenido la oportunidad de participar (con nuestro proyecto Blogirls 2.0) en un interesante programa de acompañamiento y consultoría para proyectos y empresas sociales que tienen dentro de sus objetivos principales la transformación y el impacto social así como la sostenibilidad medioambiental. Gracias a esto tuve la suerte de poder asistir la semana pasada al seminario Barcelona Social Business City. En este seminario varias empresas sociales presentaron interesantes proyectos y Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz 2006, dio un motivador discurso acerca del impacto que ha tenido su propio emprendimiento social. También destacó el rol que tienen las empresas sociales como motor de transformación e impacto positivo en la sociedad.
A raíz de todo esto me acordé de tres interesantes casos de empresas sociales que tuvimos la suerte de conocer en nuestro viaje por Cambodia el año pasado. Todos estos proyectos tienen como una de sus fuentes de financiamiento (y difusión de lo que hacen) un restaurante. Si, leyeron bien, un restaurante! Todos ofrecen un grato ambiente, comida y servicio de muy buena calidad y un proyecto social al cual apoyan de manera directa y visible a los ojos de quien que visita el lugar.
La verdad es que llegamos por pura casualidad (bueno, y porque estaban muy bien rankeados en tripadvisor) a estos tres restaurantes ubicados en tres ciudades distintas de Cambodia: Phnom Penh, Kampot y Siem Reap. No solo nos sorprendimos gratamente con el servicio y comida que probamos, si no que también con cada uno de los proyectos sociales que están detrás y que daban a conocer al abrir el menú y/o al recibirte con una gran sonrisa en la cara.
A continuación les presento los detalles de estos tres proyectos sociales que vale la pena conocer:
Este restaurante (con más de 10 años funcionando) es parte del proyecto Tree Alliance, una alianza global de restaurantes que le entregan apoyo y trabajo a jóvenes en riesgo social. Tienen varios restaurantes, principalmente en Cambodia y Laos, donde todos los que trabajan ahí (sirviendo o cocinando) son jóvenes que forman parte del programa. Todas las ganancias se invierten en los proyectos sociales que capacitan a los mismos jóvenes para que luego puedan tener acceso a mejores oportunidades laborales.

Este restaurante ofrece tanto comida occidental como comida local de alta calidad y cuentan con una linda tienda (al lado del restaurante) con productos artesanales elaborados también por los jóvenes que forman parte del proyecto.
Recomiendo sus deliciosos jugos naturales, el amok (un curry en base a crema de coco cocinado en hojas de plátano, un plato muy popular de la cocina camboyana) y sus dulces postres.

Epic Arts promueve la inclusión de personas (con capacidades y discapacidades) a través de las artes como forma de expresión, transformación y empoderamiento. Hacen talleres y programas de capacitación para fomentar la aceptación e inclusión, potenciar el desarrollo de nuevas habilidades, fomentar la expresión creativa y construir confianza en sí mismo (los invito a ver este video).
Dado el éxito que había tenido este proyecto en China, en el año 2003 se inaugura una sede en Cambodia, y el 2006 deciden abrir en Kampot un café que le da oportunidades de trabajo a personas sordas o con algún tipo de discapacidad similar. Actualmente trabajan 10 personas que te reciben con una sonrisa de oreja a oreja que te hacen sentir cómplice de este lindo proyecto. Los beneficios van destinados directamente a la fundación.
También tienen una pequeña tienda dentro del local con lindos productos artesanales elaborados por las personas de la fundación.
Fuimos un día a tomar desayuno y quedamos maravillados con sus deliciosos jugos naturales, tostadas con tomate fresco y huevo pochado, y su bowl de cereales, frutas y yoghurt.
The Global Child (TGC) es una organización sin fines de lucro que entrega un programa completo de educación a niños en situación de calle. Cada estudiante recibe 1 dólar por día de clases asistido para incentivar sus finanzas personales y contrarrestar su potencial valor como niño ex-trabajador. Además de educar y formar en las disciplinas básicas (ciencias, matemáticas, historia y artes) también se les entrega asesoramiento y apoyo financiero hasta lograr un empleo sólido después de graduarse del programa. También les brindan vivienda, salud, alimento y útiles escolares.

Joe to Go es un restaurante-café situado en la turística ciudad de Siem Reap (donde se encuentran los famosos templos de Angkor) y es una empresa social que financia una parte de este lindo proyecto. Ofrece tanto comida tradicional camboyana como platos occidentales. Recomiendo especialmente su café y sus ricos platos para el desayuno o brunch.

Si te interesan este tipo de proyectos te invito a dar una vuelta por sus páginas web y ver de que forma puedes colaborar. Muchos de estos lugares buscan voluntarios que puedan aportar con su tiempo y conocimiento para hacer crecer estos notables proyectos sociales. De todas maneras ya estarás aportando con un granito de arena si vas a comer a cualquiera de estos cafés y restaurantes en tu próximo viaje por el sudeste asiático 
También te invito a compartir si te gustó este post y quieres dar a conocer estos interesantes proyectos!
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]]>Llegamos a Laos sin saber mucho qué esperar de este país que hasta hace unos meses atrás no sabíamos exactamente donde se ubicaba en el mapa.
Atravesamos la frontera desde Tailandia en bus y llegamos a Vientiane, la capital de Laos que nos dio una calurosa y pacífica bienvenida. Digo pacífica porque resultó ser la capital más serena, anti caótica y tranquila que hay en todo el sudeste asiático (y podría ser de todas las capitales que he visitado). Tanto así que pudimos arrendar bicicletas para recorrer toda la ciudad sin sentirnos como que íbamos a ser atropellados en cualquier momento, como suele pasar en otras ciudades de la zona.
En nuestro primer recorrido nos encontramos con la grata e inesperada sorpresa de que Laos, al haber sido parte de la Indochina Francesa (junto con sus países vecinos Vietnam y Camboya), adquirió e integró gran parte de la arquitectura y gastronomía francesa visible a simple vista hasta el día de hoy. Nuestro estómago daba gritos de alegría al ver pastelerías francesas llenas de croissants, baguettes y dulces a precios del sudeste asiático (increíblemente barato)!
A pesar de que Vietnam y Camboya también fueron colonia francesa es más difícil percibir hoy en día su influencia, en Laos ésta es evidente.
Y así fue como cada mañana disfrutamos de riquísimos desayunos franceses a precios increíblemente baratos. Nuestro pastelería favorita de Vientiane fue Escandinavia donde por menos de 8 dólares (ambos) comíamos un verdadero banquete.
Visitamos tres ciudades en Laos (Vientiane, Vangvieng y Luang Prabang), siendo esta última nuestra favorita. Una hermosa ciudad (famosa por sus templos budistas que la llevaron a ser nombrada patrimonio de la humanidad en el año 1995) donde además de disfrutar su cultura y entorno saboreamos sus famosos “crepes” callejeros por solo 1,2 dólares! Habían dulces y salados, rellenos con las más diversas frutas y salsas. Y definitivamente de los mejores que probamos en el viaje (aunque su vecina Tailandia trate de imitarlos el ganador indiscutido es Laos).
Y cuando no estábamos comiendo pastelería francesa nos aventuramos a descubrir la verdadera comida asiática laosiana, donde encontramos varios platos que nos llamaron la atención.
El más conocido y famoso es el Laab, que es básicamente una ensalada de carne picada. La carne puede ser de todo tipo (¡hasta llegamos a probar el Laab de búfalo!), pero lo rico de este plato es que la carne es mezclada con especias como la menta, que le aporta gran frescura y sabor. Es aliñada con salsa de pescado y limón. ¡Un imperdible!
Ya habíamos visto por todos lados la famosa Papaya Salad (am mak hung) por lo que en un restaurante decidimos probarla. Como a ambos nos gusta el picante pedimos que fuera “middle spicy”, y resultó ser que al probar el primer bocado se nos salían las lágrimas de lo picante que era el plato. Así que si vas a pedir esta ensalada en Laos (que a pesar de lo picante es riquísima) recuerda pedirla “no spicy”, y así tendrás un picante adecuado al paladar occidental.
Otros ricos platos fueron el Pescado envuelto en hojas de plátano (mok pa) y el Lao Stuffed Lemongrass (Ua Si Khai), unas bolitas de cerdo cocinadas en o con lemongrass (¡otro nivel!).
Muy común es ver también los famosos pinchos de diversas cosas (como carnes y verduras) en los carritos de la calle, los buffet en los mercados de comida y los pescados a la parrilla.
No piensen que solo nos dedicamos a comer (aunque ya saben que para mi es parte primordial de un viaje), también recorrimos paisajes hermosos, disfrutamos de sus ciudades en bicicleta, nos sorprendimos con sus templos budistas, conocimos un lindo santuario de elefantes y las hermosas cascadas de Kuangsi.
Laos, además de encantarnos con sus paisajes y cultura, nos sorprendió gratamente con su pastelería francesa y su deliciosa gastronomía asiática, en resumen ¡con su perfecta mezcla de sabores!
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]]>Para los que aún no conocen la revista Blogirls 2.0 les cuento que es una revista colaborativa de un ingenioso, creativo y encantador grupo de mujeres blogueras de varios países de habla hispana que se conocieron haciendo un curso online hace ya más de un año, y en el cual estoy muy orgullosa y feliz de poder participar nuevamente con un artículo en la sección de viajes titulado “10 cosas que aprendí viajando”.
El artículo es un resumen de los mayores aprendizajes del viaje que hicimos durante 6 meses por el Sudeste Asiático. La verdad es que no fue fácil, ya que tenía tantas ideas en la cabeza que llevarlas a un pequeño listado fue bastante más complicado de lo que pensaba. Hasta seleccionar las fotos se me hizo difícil, considerando que tengo más de 10.000 fotos de este increíble viaje! Finalmente quede orgullosa del resultado, tanto de mi artículo como de la revista en general, que tiene un nivel de creatividad, imagen y diseño espectacular!
No quiero dejar de agradecer a todas las colaboradoras de esta edición y a las increíbles mentes creativas (hadas) detrás de la organización, edición y maquetación de este increíble proyecto: Karla Caloca, Lidia Zamora, Noemí Jiménez y Sandra F.Sánchez.
Mi artículo completo lo encuentran en la página 68, de todas maneras lo dejo a continuación 
10 cosas que aprendí viajando
Renunciamos a nuestros trabajos, entregamos el departamento, vendimos casi todas las cosas, nos despedimos de nuestras familias y amigos, y partimos al viaje con el que soñamos durante tanto tiempo. Un viaje de seis meses, en el cual recorrimos 13 países y más de 50 ciudades. Un viaje que nos enseñó y cambió la forma de ver y entender muchas cosas, y que aún después de varios meses, ya estando de vuelta, nos invita a soñar aún más que antes.
Se vive y aprende mucho viajando, y, a pesar de que es difícil procesar y transmitir en pocas palabras lo vivido, no quería dejar de compartir algunos aprendizajes resumidos en esta lista titulada “10 cosas que aprendí viajando”.
Llegas a un lugar del que nunca habías escuchado en tu vida y te sientes totalmente pequeña e ignorante. Llegas a la isla de Bali, en Indonesia y te das cuenta que es solo una de las 17.000 islas que componen este enorme país y que viajar de una isla a otra puede significar un viaje de más de 3 días en barco. Entonces comprendes que el mundo es infinitamente más grande de lo que jamás imaginaste.
Entender lo importante que es el compartir la comida en la cultura asiática o lo culturalmente aceptado que puede ser comer con las manos en Filipinas solo se aprende al observar y/o compartir con los mismos lugareños. Viajar te da la oportunidad de probar y descubrir sabores que nunca antes imaginaste, estimulando tus sentidos, abriendo tu mente y acercándote a la esencia de cada país o ciudad que visitas.
Viajar requiere estar tomando constantemente decisiones que muchas veces pueden resultar difíciles y agotadoras, y es donde te das cuenta que un viaje no es sinónimo de vacaciones largas. Luego de un tiempo entendimos que era necesario hacer pausas para recargar energías, bajar la intensidad, ser más espontáneos y disfrutar más de cada lugar y momento.
Hasta el momento nunca me había sentido tan libre como cuando estábamos de viaje, donde no existían horarios, presiones, apuros y compromisos. Simplemente se disfruta al máximo cada día y momento, una sensación maravillosa que vale la pena vivir para poder entender lo importante y gratificador que es.
Un viaje te invita a vivir nuevas experiencias, ver realidades y costumbres distintas a las tuyas y conocer a gente que tiene una manera distinta de pensar y vivir la vida. Todo lo anterior te ayuda a abrir los ojos, la mente, y a cambiar la perspectiva, entendiendo que muchas cosas no son como te las habían contado o como pensaste que eran hasta que las viste y viviste.
Hay tres palabras que vale la pena aprender en cada país: “hola”, “gracias” y “por favor”. En caso de olvidarlas, una sonrisa puede reemplazar cualquiera de estas y comunicar tanto (y a veces más) de lo que podríamos decir con palabras. Una frase muy sabia que refleja la idea anterior es la de Víctor Ruiz Iriarte, “la sonrisa es el idioma universal de los hombres inteligentes”.
Estar de viaje te permite despejar tu mente, tener tiempo para pensar y dejar volar tu imaginación sin límites. Un viaje te regala muchos momentos de inspiración, creatividad y descubrimiento personal, invitándonos a pensar más allá para descubrir nuevas alternativas y posibilidades que hagan sentido con lo que realmente buscas para tu vida.
Luego de pasar un tiempo lejos de la familia y amigos es muy probable que comiences a extrañar. Te sorprenderá descubrir que hay muchas personas que son mucho más importantes de lo que pensabas, y otras, que por el contrario, no son un verdadero aporte en tu vida.
Conoces muchos personajes estando de viaje, gente con tu misma filosofía de vida, otras con ideas y realidades totalmente distintas a las tuyas y otras que son una real inspiración y ejemplo de esfuerzo, coraje y perseverancia. De todas y cada una de las personas siempre puedes aprender algo si te das el tiempo de escucharlos.
Todo lo que necesitas cabe (literalmente) en una sola mochila. Al viajar ves con tus propios ojos cómo hay personas que viven con muy poco y son infinitamente más felices que otros que lo tienen todo. Es entonces cuando te das cuenta que compras y acumulas muchísimo más de lo que realmente necesitas.
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]]>Hoy les quiero contar acerca de la clase de cocina que tome en Hoi An, Vietnam, en un lugar llamado Thuan Tinh Island. Si bien no podría decir cuál de las tres clases de cocina que tomé durante el viaje fue mi favorita, los sabores y preparaciones de Vietnam fueron de los que más me sorprendieron. ¿Cual es la clave detrás de este tipo de cocina? La sencillez de las preparaciones y la frescura de sus ingredientes en cada plato.
Como la mayoría de las clases de cocina que tomé, ésta partía con una visita por el mercado local, donde pudimos darnos cuenta de la gran variedad de vegetales y hierbas frescas que se venden por todos lados, una verdadera explosión de colores y tonalidades!
Nuestro guía nos iba explicando acerca de los ingredientes propios de la zona y las particularidades de los ingredientes que íbamos a usar en las distintas preparaciones de la clase. Lo entretenido de esta visita era que efectivamente íbamos haciendo las compras y poniéndolas en nuestro lindo canasto de mimbre. Compramos muchos vegetales, noodles, carne, pescado y casi todo lo necesario para las recetas de la clase.
Para llegar a la clase de cocina nos subieron a un lindo bote hasta llegar a un estrecho canal con plantaciones de coco bajo el agua, aquí nos cambiamos a un bote más pequeño y nos pasaron los típicos gorritos vietnamitas para protegernos del sol.
Al llegar vimos como se hace la leche de arroz y nos preparamos para partir con la clase de cocina.
Aprendimos a preparar 4 deliciosos platos: Spring rolls vietnamitas con salsa de maní, crepes crujientes vietnamitas, Ensalada de Beef vermicelli (del sur) y la clásica sopa Pho (hanoi style rice noodle soup with beef).
Los aromas que aparecían al estar cocinando eran realmente irresistibles y todos nos moríamos de ganas de probar las preparaciones a medio terminar. Lo bueno fue que no tuvimos que esperar hasta el final para probar todo (como suele suceder), si no que al momento de terminar de cocinar cada plato nos sentábamos a comerlo, y así sucesivamente, lo que ayudó a bajar la ansiedad de querer devorar todo.
Una clase llena de colores y sabores, con un grupo internacional muy entretenido que hizo que la experiencia fuera más grata todavía.
En el próximo post les cuento acerca de una de las recetas que preparamos que realmente me encantó…espérenlo con ansias porque lo publico el lunes!
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]]>Hay que decirlo, no se que cuento te pintan en las películas y en la televisión que uno se imagina Bangkok como una ciudad moderna y bastante esplendorosa, pero la verdad es que esta ciudad no es mucho más que una gran metrópolis de Asia llena de autos, motos y un montón de gente! (Y ni hablar del millón de turistas!).
Claro que de todas maneras Bangkok tiene lo suyo, pero a primeras no fue tan fácil encontrarle el encanto. La primera vez que pisamos la ciudad tuvimos varios días para recorrer (estábamos a la espera de la visa para Myanmar), y en lo que va del viaje ya hemos estado tres veces en total. A pesar de que la segunda y tercera vez fueron solo de paso, logramos conocer varios lugares y rincones (algunos turísticos y otros no tanto) de la famosa capital tailandesa.
Lo que sin duda si tiene de bueno Bangkok, es la imponente cultura de (deliciosa) comida callejera, de la cual les vengo a contar en este post.

A pesar de que la comida callejera es un sello muy característico de varios países del sudeste asiático, hasta ahora Bangkok es una de las ciudades que más me ha impresionado en cuanto a cantidad, diversidad y buen sabor de su comida de calle. Es verdad que al principio es medio chocante sentir los penetrantes olores de la comida a toda hora del día, pero con el pasar de los días uno se va acostumbrando.
Lo bueno de la comida callejera de Bangkok es que la relación precio-calidad de los platos es en general mucho mejor a la de los restaurantes promedio, lo que pudimos comprobamos en más de una ocasión, y lo mejor es que varios puestos de comida callejera tienen hasta mesas donde sentarse y poder acompañar la comida de una cerveza, que finalmente se parece bastante a un restaurante pero en la calle.
Es muy interesante ver cómo los puestos de comida callejera pasan todo el día casi llenos, al parecer es muy común para la gente local tomar desayuno, almorzar y cenar fuera de la casa. También vi varias personas pidiendo la comida “para llevar” que se entrega en unas curiosas bolsitas plásticas. Es muy probable que sea más económico comer en la calle que ir al supermercado y cocinar en la casa.
En cuanto a precios, las tres veces que pasamos por Bangkok nos alojamos en tres barrios diferentes, la primera vez cerca de las calles Silom y Sathorn (barrio financiero), la segunda en la clásica y turística Khao San Road y la tercera muy cerca de Chinatown. Sorprendentemente los mejores precios los encontramos en Khao San, creemos que por la cantidad de competencia que hay en la zona. En Chinatown habían muchísimas opciones, pero el olor y aspecto de la comida no nos convenció, hay que ir acompañado a esta zona para saber qué y dónde comer para no llevarse una sorpresa.
Dónde encontrarla? La verdad es que en todas partes, imposible no toparse con uno o varios carritos o puestos en todas las calles de la ciudad. Tampoco es difícil encontrarse con un mercado o feria donde venden todo tipo de delicias callejeras.
Sin duda nos faltaron muchas cosas por probar, pero de todas maneras quiero compartir con uds una lista de los 5 sabores imperdibles de las calles de Bangkok:
“¿Mango con arroz, y que gracia tiene eso?” esa fue mi primera impresión cuando vi que en muchos carritos y puestos se vendía algo llamado “Mango sticky rice”, pero todo cambió después de la clase de cocina que hice en al ciudad donde aprendí a prepararlo y para mi sorpresa había todo un procedimiento y técnica para hacerlo. El “sticky rice” es un tipo de arroz que al cocinarse se vuelve pegajoso, y para este plato se cocina usando leche y crema de coco, que combinado con un dulce y fresco mango queda realmente delicioso!
Un plato especial para aquellos que les gustan los sabores agridulces. Se mezclan los sabores del pollo, la piña, cebolla, tomate y otras verduras en una increíble salsa agridulce. Por lo general se acompaña de arroz blanco. Es uno de los pocos platos que no son picantes!
Lo probé en nuestra visita al famoso mercado Chatuchak (al cual no le encontré mucha gracia). Un cremoso helado de coco servido sobre el coco con salsa de chocolate y maní. Uff.. quiero uno ahora!
El clásico e inigualable Pad Thai tiene que estar en esta lista. Y es que puedes conseguirlo por aproximadamente 1 dólar en las calles de Bangkok y pedirlo a tu gusto, con pollo, con camarones, con ambos o vegetariano! Es un plato simple y delicioso!
Es común encontrar mucha fruta en esta zona del mundo, pero en Bangkok es especialmente barata y es muy común encontrar carritos que venden todo tipo de fruta ya cortada y empaquetada! Ideal para comer al paso. Mi favorito sin duda es el mango, especialmente dulce en este lugar! Aunque la piña y los plátanos no se quedan atrás! Una fruta que no pueden dejar de probar es la llamada “Dragon Fruit” (primera foto del post) que nunca antes había visto, no es tan sabrosa como otras, pero sabe muy rico al mezclarse con cereales y yoghurt para el desayuno!
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]]>No teníamos idea de qué esperar de este país, pero sabiendo que sus fronteras se habían abierto hace solo 4 años la idea de ir a visitar Myanmar era inevitablemente intrigante y atractiva.
Con mucha curiosidad (y algunos datos y experiencias de amigos que ya habían visitado Myanmar en los últimos años) volamos desde Bangkok hacia la ex capital Yangón.
Nuestra primera impresión no fue buena, y ahora que lo recordamos y analizamos creemos que fue una combinación de distintos factores que nos llevaron a “detestar” esta ciudad. Nunca he ido a India, pero creo que Yangón se podría asimilar bastante en cuanto a hacinamiento, suciedad, deterioro y excesivo calor, a algunas ciudades de su país vecino. Y para nosotros fue un poco choqueante encontrarnos con este escenario de entrada.
De todas maneras visitamos algunos edificios y templos (como el gran Shwedagon Paya) que resultaron muy interesantes.
Por suerte todo cambio cuando llegamos a Bagan, un lugar impresionante con aprox. 4000 templos esparcidos en una planicie medio desértica donde es posible perderse y explorar por varios días al mas puro estilo de “Indiana Jones”.
El calor a veces nos jugaba en contra para estar todo el día afuera recorriendo, y sumado a tener que estar con hombros y piernas cubiertas todo el día (es uno de los países más budistas del sudeste asiático) no nos hizo más fácil la situación, pero de todas maneras logramos recorrer y ver casi todo en los 4 días que pasamos en Bagan.
Fue aquí donde decidimos darle una oportunidad a la comida de myanmar, y guiados por tripadvisor (que no falla en estos lugares!) y un par de datos de mi amigo Sven, comimos sorprendentemente delicioso!
Para mi el “hit” fue un plato llamado Avocado Salad una ensalada de palta (aguacate) elaborada generalmente con papaya, naranja y cebolla morada con un rico aliño agridulce. El mejor lugar donde lo probamos fue en un restaurante llamado Star Beam, donde también hacían un pan casero delicioso!
Otro descubrimiento fue el Tea Leave Salad.. Si! Una ensalada en base a hojas de té! En algunas ocasiones un poco (muy) picante pero realmente novedosa y sabrosa! Esteban la pedía cada vez que podía!
Vale la pena mencionar el curry de Myanmar (generalmente de pescado) similar en consistencia al tailandés, pero mucho menos picante y más aromático! Delicioso!
Nuestro viaje continuó hacia el conocido destino turístico Inle Lake. Tomamos un bote de todo el día que nos llevó a recorrer todo el sector, siendo testigos de muchas de las actividades que se desarrollan (de manera muy precaria) en torno al lago. Una visita sin duda muy interesante.
Volvimos a encontrar dos restaurantes increíblemente buenos con precios acordes a su calidad: Thanakha Garden y Bamboo Hut donde seguimos probando las distintas versiones de los platos antes mencionados. En el segundo probé un delicioso pescado entero adobado con hierbas aromáticas, muy rico!
Lamentablemente (y por el momento) es el único país del sudeste asiático donde comer en la calle o en los mercados no nos pareció una alternativa muy atractiva, dada las precarias condiciones de higiene y fuertes olores a los cuales no estábamos acostumbrados, de todas maneras visitamos varios mercados siendo el mercado móvil de Inle Lake (que cambia de lugar cada día) el que más nos gusto.. simplemente recorrerlo y parar a observar algunas escenas es muy interesante y logras entender lo importante que es para los lugareños los mercados – son como los supermercados para los occidentales –
Nuestros últimos días en este país los dedicamos a hacer un trekking de 3 días (2 noches) entre las ciudades de Inle y Kalaw. Y fue aquí donde la gente de este país se termino robando nuestros corazones al ver tantas sonrisas, curiosidad y amabilidad en cada una de las personas y niños con los que nos cruzamos en el camino.
Una linda anécdota fue cuando pasamos por un pueblo donde los niños (de no más de 4 años) corrieron a recibirnos con flores que simbolizaban la bienvenida al pueblo! Fue muy sorpresivo y un gesto realmente precioso!
El trekking fue como hacer un viaje al pasado donde (impresionantemente) la gente vive en casas de bambú, sin agua potable y con bueyes que ayudan en las tareas del campo.
Nuestro guía Nono, resultó ser un impresionante cocinero que nos sobrealimentó de increíble comida vegetariana durante los tres días del trekking, donde nos sorprendió con platos como curry de huevo, tofu frito y variados platos de vegetales y ensaladas que de alguna forma transportaba en su pequeña mochila con poderes como los de “Mary Poppins”.
Fueron 12 días intensos, llenos de experiencias de todo tipo, donde sin duda lo que más nos cautivó fueron los cientos de sonrisas que recibimos cada uno de esos días.
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