Exquisito fin de semana conociendo Portland, Maine (Estados Unidos)

Exquisito fin de semana conociendo Portland, Maine (Estados Unidos)

Si hay un lugar en el que se puede comer muy rico y variado en el noreste de Estados Unidos, es en Portland, Maine. Reconocida como un destino gastronómico por el New York Times, y elegida la ciudad pequeña más gastronómica en Estados Unidos por la revista Bon Appétit, la capital de Maine tiene uno de los mayores índices de restaurantes y bares per cápita del país. Por Alejandro Pacheco

Con mi novia siempre estamos tratando de buscar lugares nuevos por conocer cerca de Boston, donde vivo. Hace poco decidimos pasar un fin de semana en Portland, la costera capital del estado de Maine, dos horas y media al norte de Boston.

Lamentablemente fuimos fuera de temporada, por lo cual muchas atracciones estaban cerradas, incluyendo la torre observatoria marítima, la última de su tipo en Estados Unidos.

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Por otra parte, los restaurantes estaban todos abiertos, lo cual fue una muy buena noticia considerando que Portland es conocido por ser un polo gastronómico. Decidimos partir el día viernes almorzando en Duckfat (duckfat.com), una pequeña sandwichería conocida por utilizar grasa de pato en sus papas (patatas) fritas. Cuando llegamos el lugar estaba repleto, por lo que tuvimos que esperar nuestro turno… pero la espera ¡vaya que valió la pena! Compartimos un exquisito panini de pato con manzana y mayonesa con finas hierbas, acompañado de un poutine: papas fritas con queso fresco, salsa de pato y cebollín, ¡exquisito! Para acompañarlo tomé una sidra artesanal.

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Lo mejor del día llegó al momento de la cena: buscando por Yelp restaurantes de pescados y mariscos encontramos uno que nos llamó la atención por las fotos y los buenos comentarios, Street & Company. Al llegar, y tras una corta espera en el bar, nos dirigimos a la mesa y ni siquiera tuvimos que mirar la carta para saber qué plato pedir: lobster diavolo, acompañado de vino blanco. Es un sartén gigante con linguine cubierto por dos langostas, almejas, choros, pulpo y calamar, ¡sencillamente delicioso! Se supone que es para dos, pero había comida para tres o cuatro personas. Usualmente pedimos postre, pero esta vez tuvimos que pasar.

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Foto: food.allwomenstalk.com

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El día siguiente decidimos almorzar helado. Así tal cual, mi novia y yo somos muy dulceros y tras la cena del día anterior necesitábamos comer algo más liviano. Habíamos escuchado de un par de heladerías en el centro de Portland y escogimos Gorgeous Gelato, una heladería de origen italiano. Sin exagerar, ¡los mejores helados que hemos comido en Estados Unidos! Yo probé pistacho y chocolate amargo, y Catalina probó avallena y arándano. ¡Muy ricos! También probamos un cannoli relleno de helado de tiramisú, que si bien estaba rico, no estaba al nivel de los helados.

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Foto: gorgeousgelato.com

Para cenar fuimos a un restaurant llamado Eventide, un local muy de moda donde la especialidad de la casa son las ostras (¡tienen 16 especialidades distintas!). Obviamente probamos ostras, de distintos tipos, todas muy frescas y sabrosas, acompañadas de salsas de vinagre y manzana (hay varias salsas para elegir). También probamos un estofado de langosta (muy sabroso, aunque pequeño) y un sándwich de cangrejo (rico pero no espectacular).

Fuimos a Eventide sin tener reserva, por lo que tuvimos que esperar a que se desocupara (nos avisarían por mensaje de texto). En el intertanto decidimos partir por el postre yendo a un local llamado The Bar of Chocolate Café el cual era bastante peculiar (es una especie de bar / salón de postres). Probamos un queque de chocolate, un cheesecake de frutillas y un Martini mocha (vodka, kahlua, licor de chocolate y café, similar a un Baileys), ¡todo muy rico!

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El día domingo nuestro tren de regreso a Boston salía a mediodía, por lo que nos despedimos de Portland con un brunch. Íbamos de camino a Marcy’s, un diner como los de las películas, con una barra y café con refill, cuando el conductor de nuestro Uber nos sugirió otro dinner más local y menos turístico: Becky’s. Aunque había lista de espera, ¡qué manera de comer bien y no tan caro! Compartimos un desayuno Hobson’s Wharf Special (huevos fritos, tocino, pan, patatas fritas y panqueques de arándano, porciones grandes y todo muy sabroso) y un omelet de langosta (simplemente increíble, con mucha carne). Mención aparte para el café, más rico que cualquiera que haya probado en Starbucks o cualquier otra cafetería. Definitivamente fue una gran forma de cerrar nuestro fin de semana gastronómico.

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